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Hay encuentros que no solo te conectan con el presente y el futuro, sino que te hacen viajar en el tiempo.

20/04/2026

Hay encuentros que no solo te conectan con el presente y el futuro, sino que te hacen viajar en el tiempo.

Hace unas semanas me reencontré con Camila Rivera en el Hilton Lima Miraflores.

Justo en estos días he escuchado un podcast de Álex Rovira muy interesante sobre el mito de Pigmalión, que me hizo pensar en Camila y entendí algo con mucha claridad: hay personas en nuestra vida que actúan como escultores… y otras en las que, sin darnos cuenta, nosotros también lo somos.

Corría el año 2013 cuando coincidimos en Intursa. Camila era asistente en el equipo y tomamos la decisión de promocionarla al puesto de ejecutiva de ventas. En aquel momento como su jefe fui quien la acompañó en sus primeras visitas comerciales. Hasta ese momento había algo evidente: su capacidad analítica, su energía positiva, su enfoque a la acción y su facilidad para conectar con las personas.

Yo dejé INTURSA pocos meses después de comenzar esta etapa. Seguimos en contacto y a lo largo de los años visualizaba el potencial que tenía y le transmitía la importancia de dar los siguientes pasos en su desarrollo profesional.

Porque, como plantea el mito de Pigmalión, las expectativas que ponemos en alguien pueden influir directamente en lo que esa persona llega a ser. “Las expectativas que tenemos sobre los demás pueden literalmente transformar sus vidas” comenta Alex Rovira en su podcast.

Hoy, Camila se desempeña desde hace varios meses como Directora de Marketing y Ventas de uno de los principales hoteles de Lima que es a la vez parte de una de las cadenas más importantes del mundo como Hilton.

Y cuando miro su recorrido, entiendo que este es un claro ejemplo de ese efecto. Pero con un matiz importante: el verdadero Pigmalión no crea… revela. No impone… impulsa.

Camila no es el resultado de lo que alguien vio en ella, sino de lo que ella decidió hacer con ese impulso: disciplina, constancia, visión y una capacidad extraordinaria para construir relaciones.

Me honra que ella me considere su mentor y me da orgullo que me lo diga. Pero la realidad es que su crecimiento es mérito suyo.

Este reencuentro no fue solo una conversación. Fue la confirmación de algo en lo que creo profundamente:

Creer en las personas no es un gesto motivacional… es una decisión de liderazgo. Y cuando esa creencia es auténtica, constante y acompañada de acción, puede cambiar trayectorias.

Estoy convencido de que este es solo un paso más en todo lo que viene para Camila, ya sea en Perú o en cualquier otra parte del mundo, el límite se lo marca ella.

Y también me llevó a otra reflexión personal: todos, en algún momento, tenemos la oportunidad de ser ese Pigmalión en la vida de alguien.

Aprovecho para desearle lo mejor a Camila en la nueva etapa que va a comenzar a nivel personal, que como decimos por mi tierra es “Harina de otro costal” Éxitos y disfruta en todos los ámbitos de tu vida, eso es lo que te hará plenamente FELIZ.

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